Perros de raza Terranova cuidan bañistas

Por admin • 30. Enero 2008 • Categoria: Noticias de Perros

Su lengua cuelga. Sube y baja en un movimiento nervioso típico. Sus ojos apuntan sólo hacia un lugar: el mar. Apenas los desvía un instante cuando se agacha para rascarse la cabeza. Todo ocurre automáticamente y es fácil escuchar el aliento entrecortado. Hace calor y su cabellera negra deja imaginar que, de transpirar, estaría empapada. Entonces ocurre. A lo lejos, dos personas luchan por no ahogarse. Suena el silbato y ella, que responde al nombre de Aike, se dispara hacia el mar, velozmente, detrás del short rojo del guardavidas que también corre. Ambos se zambullen y nadan, filtran las olas como si fueran suaves ondas del Caribe. No hay mucha diferencia entre la agilidad de uno y del otro, así que no tardarán en alcanzar el objetivo.

El salvamento, se prevé, será un éxito. Mientras el guardavidas exige que las víctimas se agarren del flotador, Aike muerde la soga y, en un movimiento corto, vira y nada hacia la orilla, remolcando los dos cuerpos exhaustos que sólo piensan en volver a respirar. Aike aprovecha el empujón de las olas para acelerar. Pero sus mandíbulas no aflojan ni siquiera en la arena. Recién cuando el guardavidas se acerca y le acaricia la cabeza deja de hacer fuerza. Después viene la emoción de los aplausos. Pero ella, de perfil bajo como todos los perros de raza Terranova, apenas oscila su cola en un gentil agradecimiento.

No se trata de un show circense. Aike y otros cinco Terranova (Maxi, Antu, Noha, Angel y Yo) forman el equipo de perros guardavidas de la playa Saint Michel, en La Perla, el único balneario marplatense que los usa para aportar seguridad extra a los turistas. De unos 70 kilos y 80 centímetros de altura, trabajan desde hace años en compañía de los “bañeros” de ese lugar porque son canes especialistas en nadar y muy sociables. Su fuerza es descomunal: flotando, pueden tirar de cuatro cuerpos adultos. “Representan una ayuda invalorable. No reemplazan a nadie, sólo complementan el trabajo del guardavidas”, explica su compañero de salvatajes, adiestrador y amo, Rubén Schamberger. Y, además, brindan un espectáculo digno de ver. “Es emocionante verlos nadar para salvar una vida humana”, concluye con la voz quebrada la bañista Esther mientras acaricia a Aike, que no hace ni hará más que mirar fija y eternamente al mar.

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