En el nombre del perro

Por admin • 26. Febrero 2008 • Categoria: Perros

Perros en CubaEn nombre del perro

Bautizar una mascota no es tan fácil como parece. No pocos dueños, a fuerza de intentar ser originales, van dejando atrás los nombres tradicionales e intentan identificar a sus animalitos con el mote de personajes de telenovelas, películas, o los del propio santoral

Margarita Barrio y Dora Pérez

Llamarse Perro Caliente no es muy común. Generalmente se asocia el término con un delicioso pan con embutido, aderezado con mostaza y catsup. Sin embargo, en el Vedado se conoce a un pequeño can nombrado así.

Su dueña, Juana Carrasco, cuenta que al nacer hubo polémica en la familia para ponerle el nombre adecuado. Como se trataba de un salchicha casi legítimo, una vecina lo bautizó con el apetitoso epíteto.

A pesar de lo complicado del calificativo, Perro Caliente responde sin demora a su llamado, y haciendo gala de su mote, enamora a cuanta hembra se le para delante.

Y es que —tal y como ha sucedido con los nombres de personas— aquellos calificativos que tradicionalmente usaron nuestras mascotas: Motica, Manchita, Canelo o Sultán, han sido desplazados por otros que retan la imaginación de cualquier escritor.

En ocasiones, encontrar el “patronímico” apropiado para la mascota puede traer no solamente discusiones en la familia, sino problemas con los vecinos.

Una historia contada a estas reporteras, da cuenta de un edificio de apartamentos del municipio de Cerro, cuya puerta de acceso está cerrada, y donde viven dos Blanquitas —una de ellas, perra. La otra es una mujer que ha pedido a aquellos que la van a visitar que la llamen por el nombre de su hija, pues la algarabía de la “tocaya”, al oír su nombre, es tal, que molesta a todo el vecindario.

Otro hecho gracioso sucedió hace poco en un hospital materno, donde una abuela decía orgullosa que le pondría Ámbar a la niña que esperaban. El deseo se truncó cuando una oportuna amiga le advirtió que la pequeña perrita de otra compañera llevaba justamente ese nombre.

Historias como estas no ocurren únicamente en Cuba. Lo demuestra un cable de la agencia AFP del 28 de octubre del año pasado, el cual comentaba un proyecto de ley brasileño que prohibía bautizar mascotas con nombres de personas.

Según la información, el diputado del Partido Trabalhista Brasileño (PTB) que presentó la idea, ha recibido en los dos últimos años 2 000 correos electrónicos de personas, sobre todo del interior del país, quejándose porque sus nombres coincidían con los de perros, gatos, peces, caballos y otros animales domésticos.

Para complacer a tantas personas heridas en su amor propio, la ley propuso que las clínicas veterinarias y los establecimientos donde se venden animales exhiban un cartel explicando la prohibición y que se castigará con una multa o con la obligación de prestar servicios comunitarios a los desobedientes.

Para cerrar este debate, podríamos recomendar, tanto a cubanos como a cariocas, seguir el consejo dado hace muchos años por el reconocido antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, quien en su obra El pensamiento salvaje, afirma lo siguiente: “El nombre escogido ha de ser, para la civilización a la que pertenezco, alguno reconocible como perteneciente a la clase de nombres de perro (…) es decir, que no ha de coincidir con el nombre elegido por mi vecino”.

PERRO: EL MEJOR AMIGO

Los antiguos egipcios tenían al perro como un miembro más de la familia, lo amaban y lo protegían. Abundan evidencias de pinturas en sepulcros, obras de arte y escritos, que muestran cómo los canes recibían la mejor alimentación, eran bañados y cepillados.

Tales actitudes tenían su correspondencia al nombrar a los animales, los que generalmente recibían apelativos afectuosos que, con frecuencia, incluían el vocablo abu —que significa “reverenciado”, “amado” y “padre”—; la palabra ubis —“protector”—, o el término hhi —“mío”.

Los arqueólogos han traducido casi 80 nombres de perros. Unos hacen referencia a la personalidad, trabajo o talento del can, como Fiel, Buen Pastor o Espada. Otros, a sus características físicas: Formado como Flecha, o Ébano. Los canes de guerra solían tener un número que los identificaba: el Quinto, el Sexto, en correspondencia con el lugar que ocuparon al nacer la camada. No obstante, si durante los combates el animal se distinguía, a la cifra se le agregaba un apodo: Segundo, el Valeroso, por ejemplo.

Los patronímicos escogidos para las mascotas dan fe incluso de las concepciones éticas de sus dueños. Así lo acordaron hace más de dos años las autoridades de California, quienes prohibieron la utilización de nombres de origen indio para los animales, especialmente aquellos que sirven de emblemas para equipos deportivos.

En Estados Unidos estos con frecuencia suelen tomar los de los nativos americanos, como Pieles Rojas, Bravos y Apaches. Tales calificativos fueron prohibidos, lo que en opinión de muchos, es un paso en la dirección correcta para eliminar el racismo en las escuelas públicas.

DE ISAURA A MARI PILI

Fuente ilimitada de denominaciones para canes han sido siempre las novelas y películas que transmite la televisión.

Desde personajes que un día fueron tan populares como Malú e Isaura, hasta los actuales Mari Pili y Garibaldi, pasando por Doña Bella, Tuquiña, Luana y Vía.

Los hay también de personajes ya legendarios, como Zorro, Ichi, Sandokan o Batman, y los muy conocidos animados Snoopy, Sprocket y Pluto.

La lista incluye también a los artistas famosos reales, como Ringo, Lenon, Shakira y Madonna, y también a perros laureados como Lassie, Laika y Rintintín.

Hay quien prefiere tomar nombres de otros animales, tales como Paloma, Mono, Oso, Halcón y León, o de objetos que nada tienen que ver con el mundo canino, como Corchito, Chapita, Timbiriche, Salfumán, Tareco y Cacharro.

Otra forma de encontrar ayuda para seleccionar como llamar a la mascota, es visitando Internet. Allí abundan sitios que le informan al navegante desde nombres para parejas, como Adán y Eva, Alfa y Beta, Asterix y Obélix, entre otros, hasta guías para identificar al animalito según su signo zodiacal.

De esta manera, si nació entre el 21 de marzo y el 20 de abril, es Aries, por tanto su actitud los hace ser buenos guardianes, siempre pendientes de la protección de su territorio y sus posesiones —como Rintintín, el arquetipo de la mascota de este signo.

Por su parte, los “Sagitarios” suelen ser vagabundos y exploradores, y tienen muchos amigos, tanto humanos como perros. Para este signo, son nombres convenientes Suerte y Amigo.

Hay quien lleva de igual modo el talento y la originalidad a su profesión como a la vida diaria. Así, el famoso escritor mexicano Octavio Paz, tenía una mascota llamada Como tú. Cada vez que alguien le preguntaba cómo se llamaba el animalito, respondía: “Como tú”.

Otras personas son algo sarcásticas, y gustan de nombrar a sus mascotas utilizando adjetivos que son todo lo contrario al físico del animalito. De tal forma, no son pocos los chihuahuas que han recibido por nombre Goliat, Sansón y hasta Hércules.

La lista de anécdotas satíricas sería muy larga. Basta con citar como ejemplos, a Luisa María Hernández, residente en Alamar, quien denominó Azabache a su pequeño can blanco, y a Margarita Sánchez, de Cerro, que llamaba Miquito a un hermoso gato barcino, algo avergonzado por llevar el mote de su tradicional enemigo.

NOMBRES CORTOS Y AGUDOS

Un viejo chiste mexicano cuenta que un señor tenía tres perros. Uno se llamaba Huracán, otro Terremoto y el otro Mentira. Un día el hombre dejó la puerta de su casa abierta y los animales se escaparon. Cuando el dueño se percató, salió gritando los nombres de los tres canes. Llamó: ¡Huracán!, y mucha gente se asustó. Después gritó: ¡Terremoto!, y más personas se asustaron; y cuando por último gritó: ¡Mentira!, todo el pueblo fue a caerle a palos.

Bromas aparte, lo cierto es que los especialistas opinan que el nombre que se escoja dice tanto del dueño como del perro. Muestra cómo aquel ve a su mascota y la relación que hay entre ambos; incluso, hay calificativos que pueden causar que la gente juzgue y reaccione ante el animal en forma positiva o negativa, o con miedo al conocerlo.

Por eso, dependiendo de si el can es de compañía, de búsqueda y rescate, o para cuidar la casa, es importante utilizar un nombre que transmita la imagen adecuada.

Según explica el veterinario Eduardo R. Prida en su libro El perro, para el cachorro, el nombre será al principio solo un sonido familiar, pero con el tiempo se convertirá en algo muy importante. A la hora de escogerlo se debe tener en cuenta que, por las peculiaridades de su oído, este escucha mejor los sonidos agudos y cortos, de fonética simple. Por ejemplo, Sony es mucho más claro y evidente que Mandrake.

Así opina también Nora García, presidenta de la Asociación Cubana para la Protección de Animales y Plantas (ANIPLANT), quien aclaró que apelativos sin demasiadas letras, como el tan manido Leal, son muy fáciles de aprender por el perro.

“A veces el español no es el más conveniente, por eso, podemos buscar un nombre largo y llevarlo a otro idioma, como el inglés, que tiene muchos vocablos breves y sonoros”.

En lo que todos coinciden, es en que, elegido el mote, hay que asegurarse de usarlo frecuentemente: al jugar con él, al acariciarlo, abrazarlo o para atraer su atención. Nunca debemos gritarlo, sino decirlo en un tono neutral o alegre.

Publicado en JuventudRevelde, periódico oficial cubano.

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